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             Gran Maestre 

        Jacques De Molay

Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino en Tu nombre toda la Gloria.

        Caballeros Templarios

La convocatoria de investidura de Caballero y Templario es el día grande que el postulante lleva esperando con su corazon lleno de alegría, desde su ingreso en la Orden Templaría.

A medida que se acerca el día, siente un pellizco en la boca del estómago, al meditar como vivirá ese momento. Y siempre experimenta la misma sensación de emoción plena. Ser Caballero y Templario es algo grande, muy grande. Es vivir unos momentos mágicos, la sensación más hermosa que un creyente en Cristo puede desear.

El postulante, templa su espíritu y se prepara para pasar su primera noche en vela de armas. Arropado con su manto blanco y guardado de su espada templaría, entra en la capilla del templo, con toda humildad y la cabeza baja, porque así es como hay que presentarse ante Nuestro Señor.

La noche se convierte en Oración, teniendo unas vivencias muy intensas, que llenan de gozo su alma. En esos instantes el postulante toca el Cielo con las manos, descubriendo a Cristo de otra manera, y comprende que el hombre es un ser transcendente y que la muerte no es el final.

Llegado el momento de su investidura, el postulante, empujado con todo el poderío y orgullo que nacen del corazon, se arrodilla, con la cabeza erguida, ante el Gran Maestre que le nombra Caballero y Templario y soldado de la Blanca Milicia de Cristo, Único y Eterno Rey, por la gracia de Dios.

Es en esos momentos, que se siente vencido, pero lleno de amor, y con la mirada empañada por las lágrimas, mira a su Cristo, mientras susurra el lema de la Orden, “nada para nosotros, Señor, nada para nosotros sino para Tu nombre toda la Gloria”.