TEMPLARIOS….LA ÚLTIMA BATALLA

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BATALLA Y ASEDIO DE ASCALÓN 1099-1153

La Primera Cruzada marcó un antes y un después no sólo en las relaciones entre Oriente y Occidente, sino especialmente en el desarrollo de la guerra de asedio. Tierra Santa sería el lugar donde la poliorcética sufriría una evolución definitiva, como consecuencia del hecho de haberse puesto en contacto diferentes tradiciones militares. Por un lado, la occidental y la bizantina, ambas herederas de Roma, aunque con importantes diferencias, y por otro la musulmana, que hundía sus raíces en el Imperio persa-sasánida con aportaciones del lejano Oriente. La Primera Cruzada presenció algunos de los asedios más espectaculares y originales de todo el periodo medieval, convirtiéndose en la escuela que inspiró a los grandes estrategas de las centurias posteriores. Así, operaciones militares como la conquista de Zaragoza por Alfonso I jamás se podría haber llevado a cabo sin la participación de especialistas y técnicos que habían combatido en Tierra Santa. Por lo tanto, la trascendencia de esta campaña fue mucho más allá de lo acaecido entre los años 1096 y 1099, pudiéndose notar su influencia durante décadas y en lugares sumamente alejados de allí.

La Batalla de Ascalón tuvo lugar el 12 de agosto de 1099 y es considerada como la última batalla de la Primera Cruzada.

Durante la marcha hacia Jerusalén, los cruzados entablaron negociaciones con los Fatimidas de Egipto para intentar llegar a un acuerdo satisfactorio para ambos sin necesidad de luchar, pero, aunque los fatimidas estaban dispuestos a ceder el control de Siria, se negaban a entregar Israel, algo inaceptable para los cruzados ya que su objetivo final era la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén. Después de un largo asedio, los fatimidas perdieron Jerusalén el 15 de julio de 1099, e inmediatamente mandaron un nuevo ejército para volver a recuperar la ciudad.

Los cruzados actuaron rápidamente. El 22 de julio Godofredo de Bouillón fue nombrado Protector del Santo Sepulcro, y Arnulfo de Chocques, nombrado Patriarca de Jerusalén el 1 de agosto, descubrió la reliquia de la Santa Cruz el 5 de agosto. Los fatimidas enviaron una embajada para advertir a los cruzados que debían abandonar Jerusalén, pero fueron ignorados. El 10 de agosto Godofredo lideró la marcha de los cruzados hacia Ascalón, a un día de marcha, mientras que Pedro el Ermitaño dirigía una procesión, tanto Católica como Ortodoxa, desde el Santo Sepulcro hasta el Templo. Roberto II de Flandes y Arnulfo acompañaron a Godofredo en la vanguardia, y Raimundo IV de Tolosa y Roberto II de Normandía se quedaron en la retaguardia, bien por una discusión con Godofredo, o porque preferían conocer las dimensiones del ejército egipcio a través de sus propios exploradores. Cuando confirmaron la presencia de los egipcios, decidieron continuar en la misma formación durante el día siguiente. Cerca de Ramla se unieron con Tancredo de Hauteville y Eustaquio III de Bolonia, el hermano de Godofredo, que hacía un mes que estaban de campaña para capturar Nablus. A la cabeza del ejército Arnulfo portaba la reliquia de la Vera Cruz, mientras que Raimundo de Aguilers portaba la reliquia de la Lanza Sagrada descubierta el año anterior en Antioquía.

El visir Al-Afdal Shahanshah encabezaba a los fatimidas, que quizás reunieron unos 50.000 efectivos (otras estimaciones van desde 20.000 a 30.000, incluso a la exageración de 200.000 de la Gesta Francorum). Su ejército estaba formado por turcos selyúcidas, árabes, persas, armenios, kurdos, y etíopes. Pretendía sitiar a los cruzados en la misma Jerusalén, y decidió llevar con su flota la maquinaria de asedio hasta Ascalón, donde se montaría para sitiar Jerusalén. Se desconoce el número exacto de cruzados, aunque Raimundo de Aguilers los estima en 1.200 caballeros y 9.000 infantes. La estimación más alta sería de 20.000 hombres, aunque parecen demasiados a estas alturas de la Cruzada. Al-Afdal acampó en la llanura de Al-Majdal, en un valle fuera de Ascalón, preparándose para continuar la marcha hacia Jerusalén y sitiar a los cruzados. Parece ser que desconocía que los Cruzados ya habían partido hacia Ascalón. El 11 de agosto los cruzados encontraron los bueyes, ovejas, camellos y cabras, que se habían reunido como suministro para alimentar a las fuerzas fatimidas, y que pastoreaban fuera de la ciudad. Según los prisioneros tomados por Tancredo en una escaramuza cerca de Ramla, los animales estaban allí para alentar a los cruzados a cometer saqueos, romper su orden y facilitar el ataque fatimida a Jerusalén. Sin embargo, Al-Afdal aún no sabía que los cruzados estaban en la zona y ni siquiera había contemplado la posibilidad de que hubieran salido fuera de Jerusalén. En cualquier caso, a la mañana siguiente los cruzados continuaron su marcha con los animales, lo que le daba a su ejército un aspecto mayor de lo que realmente era.

A la mañana del 12, los exploradores cruzados localizaron la ubicación del campamento fatimida y el ejército comenzó la carga. Durante la marcha se habían organizado en nueve divisiones: Godofredo lideraba el ala izquierda, Raimundo la derecha, y Tancredo, Eustaquio, Roberto de Normandía y Gastón IV de Bearn formaban el centro. Había además dos divisiones más pequeñas, y una división de infantes marchaba a la cabeza de cada una de ellas. Esta formación se mantuvo también a las afueras de Ascalón, con el centro del ejército entre la Puerta de Jerusalén y la Puerta de Jaffa, el ala derecha alineada con la costa Mediterránea, y el ala izquierda frente a la Puerta de Jaffa.

Según la mayoría de las crónicas (tanto cristianas como musulmanas), los fatimidas fueron totalmente sorprendidos y la batalla fue breve, aunque Alberto de Aquisgrán afirma que la batalla se prolongó un poco más debido a la buena preparación del ejército egipcio. Las dos principales líneas de batalla se aproximaron entre la lluvia de flechas hasta que comenzó el cuerpo a cuerpo con las lanzas. Los etíopes atacaron el centro de la línea cruzada, y la vanguardia fatimida rodeó a los cruzados para atacar su retaguardia, que fue reforzada por Godofredo. A pesar de su superioridad numérica, el ejército de Al-Afdal era semejante al ejército Selyúcida al que ya se habían enfrentado los cruzados con anterioridad. La batalla tuvo lugar antes de que la caballería pesada fatimida estuviera preparada para entrar en acción. El pánico se extendió entre las tropas de Al-Afdal y comenzaron a huir hacia la seguridad que les proporcionaba la ciudad fortificada. Raimundo persiguió a algunos hasta el mar, otros trepaban a los árboles y eran abatidos con flechas, mientras que muchos morían aplastados en las aglomeraciones que se formaron a las entradas de las puertas de Ascalón. Al-Afdal dejó atrás su campamento y sus tesoros, que fueron capturados por Roberto y Tancredo. Las pérdidas cruzadas son desconocidas, pero los egipcios perdieron entre 10.000 a 12.000 hombres.

Los cruzados pasaron la noche en el campamento abandonado, preparando otro ataque, pero a la mañana siguiente los fatimidas decidieron retirarse a Egipto. Al-Afdal huyó en barco. Los cruzados saquearon todo lo que pudieron, incluyendo el estandarte y la tienda personal del visir, y quemaron el resto. Regresaron a Jerusalén el 13 de agosto, y después de las celebraciones tanto Godofredo como Raimundo reclamaron Ascalón. La guarnición de la ciudad al enterarse de la disputa, vio la oportunidad de no rendirse gracias a la desunión cruzada. Después de la batalla casi todos los cruzados regresaron a sus hogares en Europa al haber cumplido con éxito su voto de peregrinación. Sólo unos cuantos cientos de caballeros se quedaron en Jerusalén hasta final de año, aunque gradualmente estuvieron siendo reforzados por la llegada de nuevos peregrinos y cruzados inspirados por el éxito de la Primera Cruzada.

Ascalón permaneció bajo control fatimida y pronto fue reforzada su guarnición, convirtiéndose en la base de operaciones para las invasiones del reino de Jerusalén que Egipto llevaba a cabo cada año hasta 1153 cuando fue finalmente capturada por los cruzados en el Asedio de Ascalón.

Tras el fracaso de la Segunda Cruzada en 1148, Conrado III rey de germanos trató de sitiar la fortaleza, pero tuvo que retirarse al no recibir ningún apoyo ni de Jerusalén ni de los otros cruzados. Mientras tanto, Nur al-Din estaba uniendo los territorios al este y al norte de Jerusalén, gobernando tanto Mosul como Alepo, y su influencia se hacía sentir incluso en Damasco. En 1149 Nur al-Din derrotó al Principado de Antioquía en la Batalla de Inab, pero fue incapaz de conquistar todo el territorio de Antioquía. Tampoco fue capaz de penetrar en el Reino de Jerusalén, aunque si lo aisló por el norte y el este. Con un gobernante tan fuerte como Nur al-Din, el Reino de Jerusalén sólo podía intentar expandirse hacia el sur, contra Egipto.

En 1150, Balduino III de Jerusalén reconstruyó la ciudad en ruinas de Gaza, cuya defensa fue confiada a los Caballeros Templarios para intentar controlar las continuas incursiones desde Ascalón, a unas 10 millas al noreste. Desde la creación del Reino de Jerusalén se habían estado construyendo otras fortalezas para protegerse de los ataques desde Ascalón. El Castillo de Ibelín (Yibneh) estaba a 20 millas al noreste de Ascalón, cerca de la costa, el Castillo de Blanche Garde (Tell es safi) estaba a 15 millas al este noreste, el Castillo de Gibelin (Bait Jibrin) estaba a 19 millas al este, y el Castillo de Montgisard estaba a 28 millas al noreste, cerca de Ramla.

Sin embargo, Jerusalén fue azotada por la guerra civil antes de poder planear su expansión. Balduino III era el heredero legal del reino, pero su madre la reina Melisenda de Jerusalén había estado gobernando como regente desde 1143. En 1152 Balduino III reclamó el control total del reino, consiguiéndolo después de varias escaramuzas. Además ese mismo año tuvo que hacer frente con éxito a una invasión turca del reino.

Animado por sus victorias, en 1153 Balduino III decidió conquistar Ascalón. Marchó hacia la fortaleza con el ejército entero de Jerusalén, comenzando en enero con la destrucción de las plantaciones cercanas a la fortaleza. A la cabeza del ejército marchaba el Patriarca Fulco de Jerusalén portando la reliquia de la Santa Cruz, junto al maestre del Hospital Raymond du Puy, al maestre del Temple Bernardo de Tremelay, y los grandes nobles del reino como Hugo de Ibelín, Felipe de Milly, Hunfredo II de Torón y Reinaldo de Châtillon. El asedio se efectuó tanto por tierra como por mar, con una flota comandada por Gerardo de Grenier Señor de Sidón. También se unieron a ellos un numeroso grupo de peregrinos que iban camino a Jerusalén.

Se construyeron torres de asedio, y hubo escaramuzas durante cinco meses con derrotas y victorias en ambos bandos. Ascalón parecía inexpugnable, y detrás de sus puertas y muros prácticamente estaban el doble de defensores que de atacantes había fuera, además de contar con suficientes suministros como para aguantar el asedio durante años. En mayo la flota egipcia llegó hasta la ciudad reabasteciéndola, la pequeña flota de Gerardo de Sidón poco pudo hacer para detenerlos. Sin embargo, en agosto se produjo un revés para los defensores de Ascalón al intentar incendiar una torre de asedio de los Cruzados. El viento propagó el fuego contra la ciudad, destruyéndose parte de la muralla.

 

Según Guillermo de Tiro, los Caballeros Templarios penetraron por la brecha antes de que Balduino III tuviera conocimiento del suceso, mientras que el Maestre del Temple, Bernardo de Tremelay, trataba de impedir que otros cruzados les siguieran al interior para evitar compartir el botín con el rey. Bernardo y cerca de cuarenta Templarios fueron reducidos y asesinados por la guarnición egipcia. Sus cuerpos fueron colgados de las murallas y sus cabezas enviadas al Sultán.

Un cronista de Damasco presenta una versión diferente del acontecimiento, mencionado el suceso de la brecha en el muro como el comienzo de la caída de la ciudad, aunque no hace ninguna mención al incidente con los Templarios. La crónica de Guillermo de Tiro es bastante discutible debido al odio que sentía hacia el Temple, y a la reacción desmesurada que en Europa produjeron estos acontecimientos. Lo que es indiscutible es que Bernardo de Tremelay murió durante el asedio.

La fatiga se apoderó de los Cruzados y muchos plantearon la posibilidad de abandonar el asedio. Sin embargo, tanto los Hospitalarios como el Patriarca convencieron al rey de la pronta caída de la ciudad. Tres días después un asalto consiguió forzar una de las entradas de la ciudad. El 19 de agosto los Cruzados tomaron la ciudad, rindiéndose la ciudadela tres días después. No hubo represalias contra la población civil, que mayoritariamente se embarcó hacia Egipto.

Aunque en principio Ascalón dependía del obispo de Belén, la diócesis fue entregada directamente al Patriarca de Jerusalén. La mezquita de la ciudad se convirtió en una iglesia, y la ciudad pasó a formar parte del Condado de Jaffa que fue entregado al hermano de Balduino III, Amalarico. El doble Condado de Jaffa y Ascalón llegaría a ser el señorío Cruzado más importante del Reino de Jerusalén, a veces gobernado por un poderoso noble y otras bajo control directo del rey.

La caída de Ascalón contribuyó a la caída del Califato Fatimí en Egipto. Amalarico sucedió a su hermano como Rey de Jerusalén en 1162, y organizó durante los años 1160 numerosas campañas desde Ascalón contra Egipto. Estas cruzadas contra Egipto fracasaron ya que Amalarico no pudo hacerse con el control del país. Irónicamente, condujeron a la unificación de Egipto y Siria bajo el mando de Saladino, que finalmente conquistó el Reino de Jerusalén en 1187.

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