LA HISTORIA DE LA ORDEN DEL TEMPLE (3)

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LA HISTORIA DE LA ORDEN DEL TEMPLE A TRAVÉS DE SUS GRANDES MAESTROS (3)

Fue en otoño de 1127 cuando Hugo de Payens pretendió que fuera reconocida la orden que había fundado, la cual atravesaba una crisis de crecimiento, deseando favorecer su extensión en el Occidente cristiano. Partió para Roma con cinco compañeros a fin de solicitar del papa Honorio II un reconocimiento oficial. El Papa aceptó convocar un concilio en Troyes que debatiera el asunto, posiblemente porque todos los caballeros pertenecientes a la futura orden provenían de la zona de Champaña.

En el concilio estuvieron presentes: el cardenal Mateo de Albano como representante del Papa; el arzobispo de Reims, el de Sens; diez obispos; ocho abades cistercienses de las abadías de Vézelay, Cîteaux, Clairvaux (san Bernardo), Troisfontaines y Molestes; y algunos laicos entre los que destacan Teobaldo II de Champaña, el conde de Campaña, André de Baudemont, el senescal de Champaña, el conde de Nevers.

Hugues de Payens relató en este concilio, los humildes comienzos de su obra, que en ese momento solo contaba con nueve caballeros, y puso de manifiesto la urgente necesidad de crear una milicia capaz de proteger a los cruzados y, sobre todo, a los peregrinos a Tierra Santa, y solicitó que el concilio deliberara sobre la constitución que habría que dar a dicha Orden. Se encargó a San Bernardo, abad de Clairvaux, y a un clérigo llamado Jean Michel, la redacción de una regla durante la sesión, que fue leída y aprobada por los miembros del concilio.

La regla del Temple es pues una regla cisterciense, que contiene grandes analogías con la Regla de Cîteaux. La Orden del Temple fue creada y dotada de la regla del «monje soldado»: sencillez, pobreza, castidad y oración. La Orden tuvo varios nombres: la “milicia de los Pobres Caballeros de Cristo”, los “Caballeros de la Ciudad Santa”, los “Caballeros del Templo de Salomón de Jerusalén”, la “Santa Milicia jerosolimitana del Templo de Salomón”. Con el tiempo el nombre más común fue el de “Templarios”.

Ante la asamblea Hugo de Payens expuso las necesidades de la orden, y se decidieron artículo por artículo hasta los más nimios detalles de ésta, como podían ser desde los ayunos hasta la manera de llevar el peinado, pasando por rezos, oraciones e incluso armamento. La regla del temple más antigua que se conoce es la concedida por San Bernardo al Patriarca de Jerusalén y que éste reformó antes de entregársela a Hugo de Payens. La orden constaba de un acta oficial del Concilio y un reglamento de 72 artículos.

Una vez redactada y entregada al patriarca de Jerusalén; éste la modificó eliminando doce artículos e introduciendo veinticuatro nuevos entre los cuales se encontraba la referencia a vestir solo el manto blanco entre los caballeros. El atuendo del caballero templario, es decir, la cruz paté roja sobre manto blanco fue otorgada a la orden por medio del patriarca de Jerusalén Balduino I, quien, al llegar al poder, sustituyó a los veinte canónigos que su antecesor Godofredo de Bouillon colocara en el santo sepulcro dándoles el sobrenombre de Orden del Santo Sepulcro, por veinte caballeros templarios haciéndoles vestir con los ropajes de sus predecesores.

El manto blanco simbolizaba la inocencia y pureza del caballero mientras que la cruz roja, simbolizaba su martirio.

Una vez redactada la regla básica. Cinco de los nueve integrantes de la orden primigenia viajaron encabezados por Hugo de Payens por Francia primero y por Europa después, recogiendo donaciones y alistando caballeros a sus filas. Se dirigieron primero a los lugares de los que provenían, sabiendo así su aceptación y asegurándose cuantiosas donaciones.

Y recorriendo después el resto de Francia y Europa consiguieron reclutar en poco tiempo una cifra cercana a los 300 caballeros sin contar escuderos, hombres de armas o pajes. Importante fue para la orden la ayuda que en Europa les concedió el abad Bernardo de Claraval que, debido a los parentescos y las cercanías con varios de los 9 primeros caballeros, se esforzó sobremanera en dar a conocimiento a la Orden gracias a sus altas influencias en Europa y en Roma. Bernardo era sobrino de André de Montbard, quinto Gran Maestre de la Orden, y primo por parte de madre de Hugo de Payens.

Era también un reconocido religioso que había sabido granjearse la confianza de media Europa hasta el punto de ser tan admirado como temido por su elocuencia y sabiduría teológica. Luchó contra la Orden de Cluny y contra Pedro Abelardo, brillante maestro de la época cuyas enseñanzas Bernardo encontraba peligrosas. Así pues, era de esperar que Bernardo aconsejara a la orden una Regla rígida, basada en el Cister.

Participó en su redacción en 1128 en el Concilio de Troyes introduciendo numerosas enmiendas en el texto básico que redactó el patriarca de Jerusalén, Etienne de la Ferté. Y ayudó posteriormente de nuevo, a Hugo de Payens redactando una serie de cartas en las que defendía a la Orden Del Temple como el verdadero ideal de la caballería e invitaba a las masas a unirse a ella….

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